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Los osos huelen el invierno

Los osos huelen el invierno

«Paca» se muestra triste por la falta de su hermana y «Tola» se deja ver cada vez menos l Los plantígrados comen menos y preparan la hibernación

 
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V. DÍAZ PEÑAS
El otoño avanza en los valles del Trubia y sus habitantes ya se preparan para el invierno. Así sucede en el cercado de manejo osero, donde los tres plantígrados dan los primeros pasos hacia la hibernación. «Paca», «Tola» y «Furaco» se adaptan al ritmo de vida marcado por el traslado de «Tola» al antiguo cercado. «Paca» da muestras de tristeza por su ausencia, y «Furaco» ya ultima su encame dentro de la jaula. Es como si los animales supiesen que el invierno está a la vuelta de la esquina.

Como explicó el cuidador de los osos, Roberto García, los animales se están adaptando perfectamente a la situación propiciada por el traslado de «Tola». «Furaco» y «Paca» están prácticamente separados y su alimentación ya es la propia de la prehibernación, con ingestas poco frecuentes y cada vez menos intensas. También han cambiado el pelo, al igual que «Tola», que campa a sus anchas por el cercado del monte Fernanchín, después de ser cambiada de recinto en previsión de una posible maternidad.

De los tres animales, el que parece llevar peor la separación es «Paca». Como comentaba Roberto García, se ve al animal algo más triste de lo habitual, quizá porque no acabe de acostumbrarse a la ausencia de su hermana después de muchos años juntas. Aun así, el cuidador piensa que no hay que alarmarse por ello, pues es algo habitual. «Contábamos con ello, tanto tiempo juntas es normal que noten la separación. A "Paca" se le nota más tristona, pero no hay que alarmarse por ello. Es como si estuviera pendiente de su hermana», concretó García.

Aparte del estado anímico, «Paca» está prácticamente preparada para la hibernación. En los últimos días apenas ha comido y sus movimientos se hacen cada vez más lentos. «Come menos que su hermana porque está prácticamente llena. Su estado es similar al de otros otoños. Ahora sólo hay que esperar a que el invierno acabe de llegar para que comience la hibernación», explicó Roberto García.

Mientras, «Furaco» sigue a lo suyo. Después de haber logrado montar en varias ocasiones a «Tola» durante la primavera, espera pacientemente la llegada del frío. En las últimas semanas se ha entretenido en realizar agujeros a lo largo del cercado de manejo y últimamente se dedica a preparar el encame dentro de la jaula. El macho, al que prácticamente apenas se le ve, no sale de su recinto, come poco y pasa el resto del tiempo que no está cobijado recogiendo ramas que le servirán de colchón.

«Tola», entre tanto, continúa adaptándose a su nuevo hogar. Sigue reconociendo el cercado que habitó durante años y tampoco come demasiado. Como señaló su cuidador, lo habitual es verla en la parte baja del cercado por las mañanas, cuando come ligeramente. A la hora de la comida ya no baja, y cada vez es más normal que desaparezca durante más tiempo. «Las comidas ya no son tan copiosas y, aunque se le ve de continuo, no aparece al mediodía», ratifica García.

Con 179 kilos de peso, su mayor registro, «Tola» ultima sus días antes de hibernar. En principio, los meses clave suelen ser diciembre y enero, aunque también es habitual que noviembre y febrero sean meses de letargo. Todo depende de la meteorología. En unas semanas «Tola» desaparecerá y cuando se la vuelva a ver, en primavera, se sabrá si el proceso de reproducción ha dado sus frutos. Noticia de La Nueva España

Noticia publicada el 19 / Octubre / 2009


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